La confianza en la Cámara de los Ecos:¿Tercera Brecha Digital?

Confianza en la cámara de los ecos:

¿Tercera brecha digital?

Bibiana Vargas Morales 

Las editoriales de Gabelas y Marta Lazo con las que abrimos la nueva versión TRIC señalan el papel preponderante del sentido procomún y la economia del don en nuestro laboratorio social y cultural. Denominamos sentido pro-común a los bienes que nos pertenecen a todos y que en su conjunto forman una comunidad de recursos a ser activamente protegida y gestionada.

¿Qué cabe en el cajón de los bienes pro-comunes? Entre el abanico que se observa desde la tribuna de TRICLab no podemos dejar de detenernos en la información que generamos y compartimos. La confianza que depositamos en las fuentes de información sobre la que cimentamos nuestras decisiones merece una revisión crítica como educomunicadores que somos. Dejar pasar inadvertidamente la confianza es un ejercicio de ceguera ciudadana que nos lleva a ver la superficie sin saber lo que hay en el fondo.

El informe Edelman tiene como objeto registrar los movimientos de confianza a nivel global. El informe recoje datos de 28 países a través de 33 000 encuestas distribuídas entre población en general, masiva e informada. A vista de pájaro, el estudio recoje el sentimiento de una ciudadanía desencantada que encuentra en la realidad algo apabullante, tenebroso e incluso aburrido.

Rechazo masivo a la autoridad establecida bien emane de los gobiernos, las empresas, los medios o las ONG´s es la tendencia más destacada del informe 2017. La desconfianza en los medios es la mayor de la historia, la confianza en los gobiernos se evapora, desciende la percepción de transparencia de las ONG-s y el reverenciado liderazgo corporativo se reduce.

Hablar con otros y no a otros: validación de los iguales

Nuestros pares son los nuevos expertos, los ciudadanos de a pié, amplificados en su influencia por la cámara de los ecos mediáticos en los que transita el ciclo del miedo y se cuece la desconfianza.  La corrupción, la globalización, la erosión de valores sociales, la inmigración y el ritmo de la innovación son los elementos que se identifican globalmente como contribuyentes a la desconfianza global que vivimos.  59% de los encuestados confían en los buscadores como fuente fiable de información a través de plataformas como Google, Yahoo, Facebook y Twitter. Creemos más en aquellos que hablan entre nosotros, que en instituciones o administraciones que nos hablan a nosotros.  La diferencia es importante, en tanto demuestra que la influencia está en el campo de las personas, no de las instituciones.

Para sentirnos seguros delegamos aspectos de nuestra vida y bienestar en otros. Solucionado el Leviatán hemos vivido entre sistemas, mejores o peores, pero orientados al bien común. La confianza está en el corazón de las relaciones con una institución y por asociación, su liderazgo. En definitiva, una estrategia política confirmada en valores.

Si flaquea la confianza en las instituciones en las que depositamos nuestra confianza, flaquea a su vez nuestra convicción de aportar a un bien superior al del entorno inmediato. Así, con cierto desamparo, el recurso que nos queda es el de nuestro pensamiento crítico, apoyado en aquello que personifique los atributos de la confianza, leáse la integridad, la pertenencia, la calidad, la innovación, el propósito o la admiración. La confianza como bien pro-común queda herido.

Cada uno de estos atributos están lejos de ser emulados por buscador o inteligencia artificial alguna . Ante este escenario de abandono, la brecha digital se agranda. La brecha no es el acceso a la información, como tampoco lo es la competencia técnica o tecnológica con la que se acceda a la información. La brecha más grande que se abre es la desigualdad del capital social con el que se cuenta para gestionar la información en la cámara de los ecos en la que vivimos permanentemente.

La tercera brecha digital

Esta tercera fisura, la del capital social, más difícil de cerrar se refiere a las herramientas, competencias y recursos con los que se cuenta para participar, crear, aprender y generar valor, entendido como bien común a la comunidad. Jenkins lo define como “ el acceso desigual a las oportunidades, las experiencias, las competencias y el conocimiento que preparará a los jóvenes para la participación plena en el mundo de mañana”.

La preponderancia de la cámara de los ecos, está directamente correlacionada con el despegue de las plataformas tecnológicas. Ahora que estas plataformas son el medio primario por el que descubrimos y consumimos información, se hace más fácil para millones de personas sintonizar con más proximidad a sus compañeros, silenciar a otros y validar su punto de vista. En este ambiente, en el que los individuos importan más que las instituciones, es necesario cultivar comunidades y construir relaciones auténticas. En esas relaciones los atributos de la confianza adquieren sentido, proyectándose hacia objetivos y espacios que superan la identificación con lo próximo y  local, por ende buscando nuevamente un beneficio más allá del propio.

Digitales sí, informados también pero las velocidades del cambio necesario de las instituciones: familia, maestros, escuela, gobierno, etc. no corresponden a la del crecimiento de nuestros niños y jóvenes quienes viven ya en la cámara de los ecos. Si solo les dejamos la confianza en sus y nuestros pares vía buscador ¿cómo se genera el bien común?

El pensamiento crítico es la última barrera de defensa, atemporal y relevante. Es capital social. Incluso sin dispositivos y formación. Pensar e iluminar el pensamiento por aquello que es inalienable es la última frontera del aprendizaje. Aprender a aprender requiere de habilidades blandas, resilencia y humanismo para proteger y gestionar nuestros bienes comunes.

El sentido pro-común guiado por el pensamiento crítico limpia el camino para encontrar puntos de encuentro. Es el gran valor que la edición de la información aporta. Maestro(a)s formales e informales llamado(a)s a protagonizar el rol de editor(a) en este tiempo de velocidades vertiginosas. Mostrar las posibilidades, encontrar puntos de conexión entre límites distantes para construir capital social.

Para pensar críticamente se necesita sobre todo habitar fuera de la cámara de los ecos, aunque retumbe el eco de ella constantemente. Que falle todo, menos la confianza en un maestro que sepa pensar, y pueda enseñar a pensar. Eso está al alcance de todos, digitales o analógicos.

bibianav

Sobre el autor: bibianav

Furibunda lectora, estudiante para toda la vida, rebelde con causa donde la haya. Inundada de sentido creativo, y todas las demás cosas de la vida normal y corriente: Licenciada en Ciencia Política UniAndes, Estratega de Contenido NorthWestern University, CM, Social Media Strategist, empresaria educativa.

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