Adolescencia y familia en conexión

Adolescencia y familia en conexión

José Antonio Gabelas Barroso

¿Tienes un hijo adolescente en casa? No te preocupes si te vas esta noche con los amigos a cenar, a la vuelta encontrarás la casa recogida y en orden.

¿Por qué son tan raros? Se pregunta Bárbara Strauch editora de la sección de ciencias médicas y de la salud del New York Times, y con ella también se lo preguntan todos los días varias veces los padres y madres.

¿Qué pasaría si pensáramos que además de ser un cóctel de hormonas, también son un puñado de neuronas?

“Mi hijo se hace adolescente” es más una voz de alarma que se corre entre los padres de boca en boca, que una oportunidad para descubrir, escuchar y acompañarles en su crecimiento. Claro que no es un camino fácil, ni para ellos y ellas que se transforman a mucha velocidad, ni para nosotros los adultos, porque ya no sirven las normas y las pautas de antes.

 

Entraremos en tres habitaciones:

  1. La habitación del conflicto como oportunidad, no como negación o fracaso.

No hay adolescentes problemáticos, sino sociedad problemática; tampoco fracaso escolar de adolescentes, sino fracaso del sistema educativo; ni tan siquiera, adolescentes conflictivos, sino relaciones conflictivas con los adolescentes.

La adolescencia, como cualquier etapa de la vidaes en gran medida,  producto de un contexto. Sus formas de estar y comportarse, de convivir y relacionarse, de afrontar la vida y la relación con los adultos. Javier Elzo, en el grito de los adolescentes destaca la singularidad, propia de un contexto cultural y una historia; la diversidad, que les concede un perfil diferente; y la socialización, donde las tradicionales estructuras sociales (familia y escuela), son desplazadas por el grupo de pares en un potente entorno digital.

En esta habitación entran tres tipos de familias:

La familia despreocupada. Que por motivos varios, conforman la generación de la llave (casi siempre están solos en casa) o generación horizontal (sólo ven a sus hijos dormidos). Son padres que en los pocos momentos que conviven con ellos, no están con ganas de discutir. Por tanto, crecen con escasos límites y referencias en la familia, sin pautados, sin obligaciones.

La familia ocupada, preocupada y agobiada por sus hijos. Son todos aquellos que están con ellos, crecen con ellos, intervienen en su educación. Crían y educan. Pero viven con el agobio del día a día, sin saber qué hacer; sintiendo como una pesada losa la diferencia intergeneracional, la presión del grupo de amigos, la presión del ambiente, los titulares de los medios de comunicación.

La familia preocupada pero no alarmada. Viven responsablemente el conflicto del crecimiento de sus hijos, y el suyo propio, con tensión e ilusión; los que buscan espacios de diálogo, los que se sienten interpelados por sus comportamientos, reacciones bruscas, ásperos y largos silencios.

  1. La habitación de la empatía

Mientras que el adulto tiene obligaciones y preocupaciones, el adolescente vive el presente en un biorritmo de continuo fin de semana. Reclaman sus momentos de locura, pero necesitan ser escuchados. Entienden que la vida se decide decidiendo, no haciendo lo que dicen los demás, y menos sus padres. Exigen el derecho a equivocarse. El error entra en su guion, y el fracaso no forma parte de su vocabulario.

La responsabilidad la buscan y experimentan en la diferencia, en su singularidad por encima del grupo, aunque el grupo marque una doble vinculación, como referencia y como pertenencia. La presión de los compañeros es esencial para entender como se forma su identidad. Pueden dejar de estudiar o trabajar, pero no de relacionarse con los demás. El entorno digital es ecosistema existencial, un “off-on” intenso y vital.

  1. La habitación de las neuronas

La tesis que plantea Strauch se basa en la recopilación de diferentes investigaciones, que recogen los resultados de los análisis del cerebro del adolescente, mediante la aplicación, en los últimos quince años, de potentes escáneres que han penetrado y rastreado los cerebros vivos de miles de adolescentes.

Los escáner permiten obtener imágenes de resonancia magnética (MRI), observando como el potente campo magnético del hidrógeno del cerebro, con una descarga de ondas de radio sacude los átomos. El MRI mide la energía que liberan los átomos para recuperar la posición normal. Cuando se introducen los cálculos en un ordenador, se genera un patrón o perfil de las estructuras cerebrales. Una fotografía precisa del cerebro y su crecimiento.

¿Y cómo funciona este cerebro?

Que es el objeto más interactivo que existe en nuestro planeta, señala la autora. Los científicos han encontrado el santo grial que lo diferencia del cerebro adulto: su exuberancia. Sigue su exploración, y nos queda mucho por saber, “apenas asoma la parte de la zapatilla por el borde del monopatín. ” Ojo, está en construcción.

Que cambia a mucha velocidad y con mucha intensidad, pero le faltan los frenos. Es decir, el desarrollo de la corteza prefrontal, que es el área que controla e inhibe los impulsos. “Es emocionante, y siento que me gusta; es un subidón de adrenalina. No conozco mis límites y supongo que quiero averiguarlo”, recoge Strauch, de uno de sus testimonios.

Que es un enorme devorador de energía. Cabe en nuestro puño, apenas pesa kilo y medio, solo representa el 2´5 % de nuestro peso corporal, pero utiliza el 20% de la energía del cuerpo.

Que la sustancia gris de los lóbulos frontales se hace cada día más densa. Se reduce su tamaño y se ajusta la corteza prefrontal. El vigilante que controla los impulsos y reclama cautela. Proliferan las conexiones, que permiten que los neurotransmisores (dopamina) del movimiento, la atención y el placer intensifiquen su acción.

Que las largas fibras que conectan las neuronas quedan revestidas de mielina. Esa cobertura de grasa que envuelven los axones y ejerce de aislante, permite que las señales eléctricas del cerebro circulen a gran velocidad. Una carga eléctrica en un axón mielinizado viaja cien veces más veloz que otro sin este aislante.

Como señalamos en Adolescentes ¿por qué son tan raros? los adolescentes también definen su identidad a través del riesgo.  La pubertad agita las sensaciones con más intensidad. Los neurocientíficos describen la liberación de testosterona y estrógenos, y sugieren integrar también las complejas interacciones neuronales que comprenden los mecanismos cerebrales de motivación y compensación, en las que participa la dopamina, sustancia química clave del cerebro que transmite y comunica las señales entre las células nerviosas.

Es decir, el cerebro de un adolescente circula como un potente coche de fórmula uno por la autopista, mientras que el resto lo hacen como un modesto utilitario. El cerebro adolescente está en cambio, cada uno de ellos es un horizonte infinito de esperanza.

¿Familias desconectadas, adolescentes conectados?

El hogar ha cambiado sus espacios, sus protagonistas, sus agentes. Lo que antes era el salón de la casa como espacio central, y los padres y madres como referente; ahora, en gran medida, hay distintos rincones de “ver, interaccionar, jugar, aprender” con las distintas pantallas que pueblan nuestros hogares, y los hijos necesitan la presencia, cercanía de sus padres, aunque ni lo manifiesten, ni lo pidan.

Es evidente que los hogares familiares han cambiado, de lo que antes  fueron los “cuartos de estar y de ver en familia”, a lo que son ahora “los rincones de ver, jugar, navegar, interaccionar”. El control de los padres y madres se ha diluido, y toca construir nuevos espacios familiares de encuentro.  Con familias que escuchan y observan sus hijos:

– Cómo construyen su identidad, su sexualidad y su intimidad.

– Cómo el entorno digital es zona de luces y sombras: con sus oportunidades y sus riesgos.

– Cómo la realidad es doble dimensión (presencial y virtual); y no dos realidades diferentes, ni contrarios, sino complementarios. Nunca sustitutivas, porque entonces ya estamos en zona de riesgo, abuso o adicción.

– Cómo es la necesidad de establecer límites, pero en la adolescencia, menos con las normas y más con el diálogo y el consenso. Hablamos de los contratos entre padres y adolescentes, y estuvimos comentando sus protocolos.

– Cómo es la necesidad de un “dieta digital”. Lo que significa una planificación del uso, consumo e interacciones con las diferentes pantallas.

 

jgabelas

Sobre el autor: jgabelas

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