Batallas de pantalla: cuando desconectar se convierte en faena

Batallas de Pantalla: cuando desconectar se convierte en faena

Por Bibiana Vargas M.

¿Cuántos de nosotros estamos hartos de batallar día a día con los niños por el tiempo de pantalla?

¿ Cuántos de nosotros queremos seguir siendo padres tecno-positivos?

¿Cuántos de nosotros padres de la era 2.0 sentimos nostalgia del tiempo en el que los niños simplemente salían a la calle a jugar, en vez de sumergirse en experiencias digitales de bolsillo transportables a todo momento y lugar?

Con frecuencia, éstas diferencias, contrastadas con una versión idealizada del pasado nos llevan a construir una impresión negativa de la tecnología en general.  Este marco mental que construimos (nosotros los adultos) y sobre el que muchas veces cimentamos nuestros argumentos para desenchufar a nuestros hijos de la pantalla no ayuda a conseguir su objetivo.  Algo estaremos haciendo mal, si todos los días obtenemos el mismo resultado y si todos los días llegamos al mismo punto de discusión. Elaborar la dieta digital propia y la de nuestros hijos requiere criterio y pensamiento crítico.  Como refiere  @jgabelas,”son los usos, los consumos y las mediaciones”, sobre todo las mediaciones en el caso de los niños y adolescentes lo que adquiere más relevancia en tanto son susceptibles de conformar su identidad con ellos.

Desde TRICLab en nuestro post de hoy queremos observar  las multialfabetizaciones desde otra mirada. La de los padres, las madres y los cuidadores que casi siempre dejamos de lado.  Esas, las familias, que son entidades anónimas que también vienen a las aulas de infantil, primaria, secundaria, bachillerato y que han dejado ya su huella en los estudiantes universitarios.  ¿Qué padre o madre no quiere un entorno saludable para el crecimiento de su familia? @joseblasgarcia nos recordaba la semana pasada en su post: la educación para la salud 2.0 el valor de co-construir esos espacios.  Por ello,  como ciudadana primero y luego como madre me aventuro a escribir este post, de una madre a muchas familias, y de una madre a muchos educadores, investigadores y científicos de los datos, la comunicación y la información.

Entre la tecnofilia y la tecnofobia

Centros educativos públicos y privados resaltan en negrita y en mayúsculas sus departamentos TIC. Los maestros se esfuerzan en construir con las tecnologías de la información y la comunicación espacios más cercanos a nuestro tiempo histórico de cambio cultural. Maestros que gravitan en el ciberespacio conformando a veces un original un “star system” con firma de autor y seguidores que son la envidia de cualquier banda de rock.  El subidón de las TIC servido en bandeja para estimular sobretodo el consumo masivo de software, herramientas de aula y muchos más nobles diseños y emprendimientos que en la mayoría de los casos sustituyen el formato analógico por uno digital.

 En el otro lado de la ecuación tenemos la tecnofobia,  reclamando la inocuidad del uso de dispositivos, herramientas, redes sociales y un largo etc. digital en las aulas y entornos educativos, recordando como las escuelas “innovadoras” de Palo Alto en California y Silicon Valley ni siquiera usan ordenadores en sus aulas hasta el comienzo del ciclo de secundaria.

¿Dónde nos quedamos?

“La tecnología no es efecto ni consecuencia, que tampoco es medio, es artefacto cultural, es entorno (digital) que forma parte de un circuito, que es cíclico y que produce y es producido por la cultura.” Así describe habitaciones de cristal la condición neutra de la tecnología que consumimos.  A lo anterior sumo dos premisas que me resultan fundamentales para calibrar una decisión:

  1.  La tecnología ofrece oportunidades imposibles siquiera de concebir e imaginar que nunca pudimos imaginar cuando teníamos la edad de nuestros hijos (10 y 14 años en mi caso)
  2. La tecnología jugará un papel crucial en la vida de nuestros hijos, lo que significa que necesitan forjar algunas habilidades particulares para vivir y crecer con ella de una manera sana y equilibrada.

Pensemos en algunos hitos básicos que marcarán la vida de nuestros hijos: -aprender a conducir, entrar a la universidad, buscar su primer trabajo, incluso conocer a su futura pareja-.  Estos, son solo algunos de los que ya espontáneamente son facilitados por la tecnología sin que medien en ellas habilidades de programación, comunicación o especialización alguna.

Bien es cierto que escondernos de la realidad de la conectividad y de la cultura digital es imposible cuando se presenta el universo al alcance de un clic en el bolsillo.  Pero lo que es cierto es que tenemos que buscar un sitio por donde empezar a modelar esa relación de nuestra familia con la tecnología. Y es ahí donde tenemos la ocasión de asegurarnos que la semilla del #humanismo digital quede bien plantada.  En vez de luchar con el tiempo de pantalla y el consumo de “no sabemos que” podemos centrarnos en ser padres tecno-positivos, ayudando a nuestros hijos a construir una relación sana con las redes sociales, los juegos on-line, sus tutoriales de youtube y otra larga lista de etc. que seguro nos enumerar nuestros niños.

Tengamos en cuenta que los niños ni son tan nativos, ni son tan digitales.  Significa que saber manejar una tableta, no significa administrar las herramientas para clasificar, ordenar, y gestionar información.  El pensamiento crítico no viene con la tableta. Somos los padres en casa, la identidad propia del niño, la escuela y la sociedad a lo largo de la formación del individuo lo que conforma el pensamiento crítico. Por eso la alfabetización mediática en general y la digital en particular son indispensables. Humanizar el uso y el consumo de la tecnología es necesario en la nuevas generaciones. Sembramos de muchas maneras el uso que harán de esa tecnología.   Seguro es que su fascinación no será la nuestra, pues han nacido con los posibles infinitos del entorno multipantallas.  La sociedad que les pertenece a nuestros hijos es ya y será más espesa en sus tejidos.  Las interacciones online,  son y serán cada vez más  complementarias del  offline.  

El miedo es en muchas oportunidades el punto de partida de todos los que somos padres. Miedo razonable y justificado sin duda.  Si le ponemos nombre al miedo y a sus asociados, nos será posible abordar las preocupaciones reales. ¿Qué es lo que  nos preocupa ?

 

Si nos centramos primero nosotros mismos y a nuestra familia en algunos de los usos más positivos de la tecnología podemos empoderar(nos) y a nuestros hijos a la vez que contribuimos a disminuir los riesgos y retos del uso de la tecnología en casa.

El engagement en familia

El asunto no es monitorizar, es mentorizar. Y es ahí donde la empatía se convierte en la mejor app que podemos usar con nuestros niños y adolescentes.  Los niños nos necesitan más que nunca, y les debemos a ellos nuestra honestidad respecto a nuestras inquietudes y temores respecto al uso que le den a la tecnología que los rodea.  Como padres y mentores , nos corresponde fijar el tono y crear el ambiente adecuado para que nuestros hijos se desenvuelvan en el mundo on-line y en el off-line.  La escuela y las instituciones educativas les enseñarán a producir, re-crear e innovar con las herramientas digitales si tenemos suerte, pero la forma como se modele la relación de nuestros hijos con la tecnología tiene mucho que ver con lo que suceda en casa.  El factor Relacional, visto como el resultado de muchas interacciones también habita en los espacios privados y domésticos en los que se construye la sociedad, y eso a la mayoría de padres se nos olvida o lo ponemos fuera de nuestra lista de deberes.  La alfabetización digital y las competencias digitales no son exclusivas de la escuela.

Por regla general, parto del supuesto de que los niños siempre quieren hacer las cosas bien aunque muchas veces no sepan lo que ello signifique o cómo sucede.  Las intenciones de los niños son generalmente fáciles de entender -quieren entretenerse, conectar con amigos, compartir aficiones y comunicar la construcción de su identidad y sentimientos. La tecnología suma capas de complejidad a estos deseos naturales, y es ahí donde necesitan nuestra guía. Y es ahí donde queremos contribuir con éstas pautas:

Aplicar estos principios puede ayudarnos a todos los padres y madres que nos preocupamos por la educación digital de nuestros hijos a sentirnos más empoderados frente a la tecnología que invade y permea la vida. Claro que hay peligros, seríamos ciegos si no los viéramos.  Pero yo y creo que muchos padres queremos estar en un lugar donde podamos dirigir la discusión, ser modelo, influenciar hábitos e incluso servir de inspiración para nuestros hijos sobre cómo sabemos y podemos usar el potencial de la tecnología para generar diferencias positivas.  Desde nuestro pequeño núcleo de inteligencia colectiva: hogar a la de la de cada uno de vosotros, suerte en hacer crecer vuestro propio #factorR.

bibianav

Sobre el autor: bibianav

Furibunda lectora, estudiante para toda la vida, rebelde con causa donde la haya. Inundada de sentido creativo, y todas las demás cosas de la vida normal y corriente: Licenciada en Ciencia Política UniAndes, Estratega de Contenido NorthWestern University, CM, Social Media Strategist, empresaria educativa.

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  • Juan Jose Perez Ortiz

    creo que la carrera de psicología laboral http://www.ups.edu.ec/ puede dar una certeza más confiable sobre la triclab la cual reflexiona en voz alta sobre el papel.