Obesos digitales: reducir más que horas de consumo a la dieta digital

OBESOS DIGITALES

Por José Antonio Gabelas Barroso

Quedan unas semanas para que acabe el cole, terminen los exámenes, y muchos padres y madres empiecen sus vacaciones. Estoy seguro que cuando han leído “obesos digitales” han pensado en reducir el consumo.

Una buena dieta es reducción en la cantidad, pero también es elección, selección, decisión. Entre la dosificación y la selección nos movemos. ¿Si importa lo que comemos, cómo no importa lo que respiramos? Cada pantalla, cada dispositivo móvil nutre de “oxígeno” nuestras conversaciones, información, y modelo de convivencia, también las de nuestros hijos y nuestros alumnos. Se trata de un ecosistema que necesita una regulación.

En “The Digital Diet”, Daniel Sieberg describe lo que llama “obesidad digital”. La consultora internacional JWT Intelligence emitió un informe en el que alerta sobre la creciente tendencia a la “obesidad digital”. No se refieren a un nuevo sedentarismo, sino al producto de un exceso de conexión, una obesidad nacida de las muchas horas en la Web. La actualización constante del muro de Facebook, el chequeo continuo de los mensajes en InstagramTwitter, la ubicación permanente y total mediante el whatsapp, son algunos indicadores que pueden encender los pilotos rojos.

Sieberg propone una “dieta de adelgazamiento digital” progresiva. Primero “reiniciar” que significa desconectarse un día, luego un fin de semana. Después “reconectar”, que implica colocar la tecnología digital en el lugar que corresponde, con una dedicación horaria entre hora y media y tres horas. El siguiente paso es “reactivar”, que consiste en volver otra vez al inicio para replantearse su tiempo de conexión.

Planteamos que las posiciones descritas, sólo atienden a una variable, que aunque necesaria en el análisis, no es la más relevante, puesto que afecta sólo a la cantidad de horas que un usuario está conectado, pero no atiende al propio usuario (en su naturaleza, modo de ser, situación personal y/o familiar), ni al contexto de interacción y uso que este usuario aplica, ni tampoco al conjunto de mediaciones, finalidades, que se producen en estas prácticas digitales.

Por consiguiente, señalamos que del mismo modo que no podemos valorar la salud alimentaria y nutritiva de una persona sólo cuantificando la cantidad de fruta, carne, pescado y dulces que ingiere, tampoco podemos interpretar el significado de los usos, consumos, mediaciones e interacciones que los menores tienen con las diferentes pantallas sólo desde una visión cuantificadora.

Diseño de Imagen: Marta Gabelas Muruzabal

De TICs entretenidas  a TRICs nutritivas 

La interacción, sea del tipo que sea, con un pantalla, es una práctica cultural, que trasciende su función instrumental. Entendemos que las tecnologías como herramientas o instrumentos, y por tanto su uso, no valida ni justifica su empleo. Porque son bastante más (o bastante menos, según se observe) Entendemos que la tecnología no es efecto ni consecuencia, que tampoco es medio, es artefacto cultural, es entorno (digital) que forma parte de un circuito, que es cíclico y que produce y es producido por la cultura. Como señala el gráfico propuesto, y adaptado de los estudios de McQuail.

El planteamiento de McQuail no es nuevo, ya lo dibujó McLuhan con el tono visionario que le caracterizó, cuando subrayó los medios de comunicación como “extensiones del hombre.” Es decir, prolongación de nuestros sentidos. También destacó que la experiencia con los medios de comunicación es sumativa, y que depende de la práctica y resultados que tengamos del uso de los medios anteriores. Así ocurrió con la fotografía respecto a la pintura, el cine respecto a la fotografía, e Internet de todos los anteriores.

“La interacción, sea del tipo que sea, con un pantalla, es una práctica cultural, que trasciende su función instrumental”

Con la aparición del dispositivo móvil, no se anularon las funciones del teléfono fijo, como son llamar y recibir llamadas, pero sí se encontraron otras funciones y se convirtió en un dispositivo polivalente, y casi imprescindible, que sorprendió en su implantación a todos, también a las compañías que lo comercializaron. Estos dispositivos ahora han modificado nuestras costumbres, rutinas y retinas, nuestro aprendizaje, nuestro modo de pensar, sentir y convivir. Ya no se lee igual, ni se escribe igual que antes. Los escenarios y mobiliario doméstico y laboral también han cambiado.

El concepto de dieta ha tomado mucha consistencia en los últimos estudios, y en concreto en una línea de trabajo interdisciplinar, siempre interesante, entre tres ámbitos tradicionalmente separados como son educación, salud y comunicación. Sugerimos la consulta de la publicación Psiconutrición del menor: las TIC como aliadas en el sistema nutricional,  coordinada por M. Lourdes Torres y el que escribe, en la que intervinieron más de treinta expertos del campo de la nutrición, la psicopedagogía y la comunicación.

Después del post, dieta digital, brecha digital hemos mantenido un debate sobre la necesidad de clarificar los aspectos de esta dieta, de la que los medios de comunicación se hacen eco con frecuencia. Reclamo la relevancia del valor cualitativo de un consumo y una proactividad alrededor de estos consumos. Estancarse en cifras cuantitativas (número de ciudadanos y cantidad de horas de consumo), originan con frecuencia, afirmaciones frívolas sobre las adicciones y dependencias a este consumo multipantallas.

De este modo proponemos otro planteamiento en el enfoque y análisis de estas prácticas culturales:

  1. No alimentar el alarmismo existente en el tratamiento informativo sobre el uso de las tecnologías de la relación, información y comunicación (TRIC)
    2. Precisar un modelo humanista, pedagógico y comunicativo que atiende el contexto social y cultural de estas prácticas.
    3. Establecer las diferencias entre uso y abuso, para considerar las posibles actuaciones, intervenciones y mediaciones de las diferentes interacciones entre menores y pantallas.
    4. Proponer una política de comunicación e intervención educativa y sociosanitaria justificada en los parámetros de promoción de la salud propuestos por la OMS.

Por consiguiente, señalamos que del mismo modo que no podemos valorar la salud alimentaria y nutritiva de una persona sólo cuantificando la cantidad de fruta, carne, pescado y dulces que ingiere, tampoco podemos interpretar el significado de los usos, consumos, mediaciones e interacciones que los menores tienen con las diferentes pantallas
sólo desde una visión cuantificadora.

El cambio en el ecosistema mediático, hábitat  poblado  de pantallas, repercute también en la revisión en los modos de aprender. Las generaciones digitales están acostumbradas a la hiperestimulación sensorial, al ritmo frenético en la secuencia múltiple de mensajes que perciben, al zapping en todas sus dimensiones y a dosis de hiperpresente en la gratificación del acceso a contenidos.

Si hablamos de dieta, también hablamos de ética. Nuestra comunidad @TRICLab fundamenta su enfoque, planteamiento y metodología en un manifiesto http://triclab.com/manifiesto/ que refleja el por qué y el para qué proponemos otro modelo de comunicación, para hacer otro tipo de educación.

La navegación por la cultura de la incertidumbre precisa una brújula que es el humanismo, y un patrón de barco o mentor que es el maestro. “Dime que hacías con la tiza y la pizarra y te diré que haces con la pizarra digital”, me comentaba hace un tiempo Daniel Prieto, tomando un café en A Coruña (España).

Observemos el siguiente testimonio: las cosas que aprendí de mi dieta digital

  • No suceden tantas cosas como creo.

El miedo a perderse algo obliga a consultar constantemente las redes sociales. Pero los impactos en las redes se repiten, y los titulares también. No pasan tantas cosas importantes, y otras que ocurren no están ni en las redes, ni en los titulares.

  • El nivel de estrés baja cuando estoy desconectado.

Conforme descienden las alarmas, alertas y llamadas de tus dispositivos, aumenta tu capacidad de reflexión, contemplación. Y la mente está más dispuesta a profundizar y comprender lo que ocurre dentro de ti a tu alrededor.

  • El mito de la multitarea

Creemos que somos capaces de hacer varias cosas bien a la vez, lo que hacemos es saltar de una cresta de la ola a otra. Surfeamos, como bien ha descrito Baricco. Pero cada vez que “entramos” en una actividad, el motor neuronal se pone en marcha, y con cada arranque hay un desgaste. El cerebro se cansa antes en poco tiempo. El cambio de intensidad en la atención conduce a un menor rendimiento para la concentración y la memoria.

“Hacer multitareas crea un bucle de adicción a la dopamina en nuestro cerebro, lo que significa que estamos recompensando a nuestro cerebro por perder el foco en una sola cosa y por buscar constantemente estímulos externos”

  • Las redes sociales generan adicción.

Cada tweet, cada like, mensaje recibido, alarma, genera una pequeña dosis de dopamina al cerebro, que se acostumbra a una mayor e intensa estimulación. Esta intensidad reduce el tiempo de “espera” y la capacidad de concentración. Cada vez se soportan menos las actividades largas, sin gratificación y recompensa inmediata.

jgabelas

Sobre el autor: jgabelas

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