Ventanas de Infoxicación

 

“Más que navegar, buceamos intentando conseguir el oxígeno de la información veraz. Para colmo, toda esta metáfora líquida es paralela a una dramática sequía real”

Rafael Marfil-Carmona

Dice Wikipedia, ese gran diccionario vigilado por el procomún al que recurre toda aquella persona que tiene acceso a Internet (lo reconozca o no), que un espejismo es una ilusión óptica, en la que objetos lejanos se reflejan sobre una superficie lisa como si fuera líquida. Este efecto ha sido aprovechado el cine para crear algunas escenas épicas. Sin embargo, en determinados casos, como en Lawrence de Arabia (David Lean, 1962), lo que se atisbaba en la lejanía era justo lo que creíamos ver. La realidad es obstinada y, en Internet, moldeable e intensa. Demasiado intensa, tanto cualitativa como cuantitativamente.

En la sociedad del conocimiento, sin darnos cuenta, generamos demasiadas teorías permanentes y fragmentadas. Débiles en muchos casos, brillantes en los menos, aunque su luz se ve apagada por la saturación de mensajes. Tantas micropartículas de esa luz nos deslumbran y, en muchas ocasiones, los árboles de la subjetividad no nos dejan ver el bosque del conocimiento. De esa inmensidad deberíamos beneficiarnos todos/as a través del proceso de aprendizaje. Sin embargo, se corre el riesgo de que el único rédito vaya para los fabricantes de lentes para la miopía, toda una cuestión vinculada a la salud que sirve también como metáfora del efecto cognitivo que, en ocasiones, puede generar la Red. Esta gran marea de contenidos afecta para mal a la vista y para bien o para mal, según sea el uso, al entendimiento.

“ser capaces de armar una visión propia del mundo que, inevitablemente, estará condicionada por esa gran inmersión en el mar de desiertos y espejismos que es Internet”

Se dicen muchas cosas a la vez y lo hace mucha gente al mismo tiempo. Casi todo el mundo está hablando o escribiendo. A veces, podemos estar seguros/as de que se escribe más que se lee, dentro y fuera de las pantallas. Desde el punto de vista informativo, hay que tener en cuenta lo que afirmaba el periodista de RNE Álvaro Sánchez Palomino en este post de TRICLab: “Pertenece al ciudadano la función de procesar esa información para que le sea útil y positiva, ayudándole finalmente a crear su propia identidad”. Efectivamente, es más necesario que nunca contrastar las fuentes, luchar en contra de oleadas de un pensamiento único que puede parecer, según el momento y nuestro contexto digital o personal, absolutamente indiscutible. La dolorosa realidad contemporánea arroja ejemplos bastante claros, creando una indignación común ante medias verdades. Incidiendo en un modelo de periodismo concreto, que se ve influido por las redes sociales, ya explicaba este post de Antonia Isabel Nogales que “… en un panorama infoxicado y atiborrado de contenidos y estímulos, resulta fundamental establecer la prioridad del hecho por encima del dicho”.

El riesgo de este fenómeno tan contradictorio no es la abundancia en sí misma. Ese maná, precisamente líquido siguiendo la terminología de Bauman de la que tanto abusamos, hace honor a su acepción etimológica, que define el maná como el alimento del pueblo de Israel, de todos los pueblos, en el desierto, aunque también puede ser un incienso que se pierde en la superficie y se reduce casi a polvo. El problema, en resumen, no es la abundancia de noticias, de opiniones o de memes y selfies, sino el esfuerzo que hay que realizar para discriminar el grano de la paja, si es que esto es posible. Más que nunca, es imprescindible incidir en la capacidad crítica como resistencia, en una alfabetización mediática revisada en sus competencias digitales, que nos lleve a contrastar, discernir y, en definitiva, ser capaces de armar una visión propia del mundo que, inevitablemente, estará condicionada por esa gran inmersión en el mar de desiertos y espejismos que es Internet.

El factor relacional, en riesgo

Sin ánimo se ser apocalíptico, siguiendo la clásica diferenciación de Eco, hay que hacer una advertencia. Las posibilidades tecnológicas que hemos descrito en tantas ocasiones, explicando el factor relacional como potencialidad y vertiente humana y dialógica, puede no ser tan así en gran parte de los casos. El uso de las redes por parte de la ciudadanía valida o refuta ese análisis y diagnóstico. La ciudadanía, sin duda, es digital. Esas teorías sobre lo relacional, que secundo absolutamente, y que encontramos en el trabajo de Carmen Marta-Lazo, José Antonio Gabelas, Daniel Aranda, Elisa Hergueta y otros/as tantos/as compañeros de TRICLab, corren el riesgo de ser una pretensión o declaración de intenciones gracias al estruendo de nuestra propia hiperactividad. Sin duda, se trata de una potencialidad que ofrece la Red y que está en nuestro día a día. Son TRIC y no TIC, es cierto. Se trata de redes para la R-elación, pero tienen que demostrarlo, no sea que, por una tendencia cultural al monólogo y a la ausencia de empatía, el diálogo y el debate real, el enriquecimiento personal e intelectual, se conviertan en una excepción en el uso de estas tecnologías. Por suerte, muchas buenas prácticas digitales indican que es posible esa conectividad constructiva, inspiradora de del propio proyecto TRICLab.

Monólogos frente a diálogos

Quizá, en este sentido, el exceso de celo, la ambición desmedida de presencia y protagonismo, la escasa visión de la dimensión real de los acontecimientos, han llenado nuestras pantallas, las pequeñas y las grandes, de gente especializada en escucharse o leerse a sí misma. Observemos con la visión antropológica de toda la vida, la que se basa en la inocencia. Es la propia vida, la “real”, la que ha tomado ese universo pixelado, donde el charlatán ve un territorio fértil para sus tropelías retóricas. No tiene que escribir rápido, no hay prisa, pero se mueve a toda velocidad. Y finalmente sí hay prisa, la que es propia de un viaje a ninguna parte, como aventuraba Fernando Fernán Gómez en otra visión crítica del cambio de medio expresivo, como fue el salto del teatro al cine. En nuestro caso, el salto de la conversación tradicional al monólogo en Red es un ejemplo que convierte en una paradoja la idea de modernidad líquida, o la reafirma, precisamente.

En unos tiempos de sequía real, encontramos riesgos de cierta sequía intelectual por exceso de ruido. En ese contexto, en TRICLab nos hacemos preguntas, partiendo de la información como un campo abierto. Cualquier esfuerzo clarificador ante esas continuas ventanas de infoxicación será poco. Por lo tanto, sigamos dialogando para evitar desempoderarnos, sigamos apostando por la Educación Mediática. Una vez advertidos los riesgos, hay que seguir creyendo, como se expresa en nuestros principios, que la tecnología es una herramienta para formar ciudadanos/as del siglo XXI.

TRICLab

Sobre el autor: TRICLab

Somos un grupo de profesionales de la educación y de la comunicación que abarca diferentes ámbitos y disciplinas.√ Que propone un “lugar” y un “tiempo” relacional abierto y colaborativo. Con un código y programas también abiertos y accesibles para todos . Crítico y creativo.

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