La educomunicación para el cambio social como Factor Relacional

Por Paloma Contreras-Pulido para TRICLab

 

“…hablamos de modelos que según como se miren, o quién los mire, tienen o pueden tener diferentes objetivos: una comunicación alternativa a una realidad injusta y por tanto convertirse en elemento contestatario; ser participativa para lograr la liberación o empoderamiento; o la visión del “desarrollo” que se ha venido cuestionando y mucho en los últimos tiempos… ¿qué es desarrollo y para quién? ¿Quiénes protagonizan este tipo de comunicación? ¿Es una comunicación eficaz solo para el Tercer Sector?

…queremos apostar por aglutinar estos conceptos que hemos repasado de manera muy somera en un concepto que consideramos viene a sumar y a completar todas estas visiones: la educomunicación para el cambio social”

Desde Freire a Kaplún… desde la pedagogía de la comunicación… desde, finalmente, la Educomunicación. Ya nadie cuestiona este concepto, como bien explica el maestro educomunicador, Enrique Martínez Salanova, mucho menos desde que por fin la UNESCO lo aceptó en 1979. Y es que, esta forma de mirar y llamar la atención sobre la indudable trayectoria e impacto que la comunicación tiene en el ser humano y la necesidad de educar con y a través de ella, ha sido elemento de estudio (menos de lo que debiera, por qué no decirlo) a lo largo de estas últimas décadas. De ahí se ha pasado a reivindicar una necesidad imperiosa de alfabetizar a la ciudadanía en un mundo absolutamente mediado y por ello surgen otros términos relacionados con la educomunicación como la alfabetización mediática, informacional, competencia digital o mediática, etc. más enfocado si cabe en la capacitación, no solo instrumental, sino también crítica.

Para diferenciar mejor estos conceptos nos podría servir de lo que Federico Mayor Zaragoza dijo hace tan solo unas semanas en el IV Encuentro de Radios Universitarias en Madrid: “Las instituciones de enseñanza hoy solo capacitan y hay que volver a la educación para crear a personas libres y responsables”. He ahí la importancia, obviamente de alfabetizar a la ciudadanía mediática, pero hay que tender a algo más profundo… a educarla, a la educomunicación”.

Por eso, desde estas líneas queremos hoy hacer una parada para mirar a un tipo de educomunicación que necesariamente debe entroncar con un modelo de comunicación muy particular. Y es que parte de volver la mirada a los años en los que aparecen diversas propuestas alternativas de intervención educativa/comunicativa vinculados a ONG y movimientos sociales con un carácter de resistencia cultural y contra el control de la censura (Oliveiras, 2002: 21).

Es decir, ya entonces se utilizaba la comunicación como herramienta de transformación social, buscando romper y encontrar un hueco necesario para el cambio social entre modelos de comunicación muy convencionales, potentes y poco identitarios con la realidad de los pueblos. La televisión, por ejemplo, medio preponderante incluso hoy día (ya veremos por cuánto tiempo teniendo en cuenta el impacto de otros modelo de pago y a la carta) es el medio más eficaz para “verse” como colectividad y ver a otros (desde la perspectiva cultural). Pero, ¿es realmente así? La preponderancia de valores culturales, económicos, institucionales, y por ende, sociales en muchos casos no tiene nada que ver con la identidad de la ciudadanía que recibe estas producciones. Es decir, desde los más pequeños hasta los más mayores encuentran “un espejismo” de sociedad que nada o en poco tiene que ver con su realidad reflejada en la televisión.

Por ello, a lo largo de la historia se han venido sucediendo acciones encaminadas a empoderar a los pueblos a través de la comunicación para encontrar y defender su propia identidad, para alzar la voz ante las injusticias o para simplemente tener en voz en un mundo que no da oportunidades para hacerlo. Y lo hace unas veces bajo términos como comunicación alternativa, participativa o para el desarrollo. En estos casos hablamos de modelos que según como se miren, o quién los mire, tienen o pueden tener diferentes objetivos: una comunicación alternativa a una realidad injusta y por tanto convertirse en elemento contestatario; ser participativa para lograr la liberación o empoderamiento; o la visión del “desarrollo” que se ha venido cuestionando y mucho en los últimos tiempos… ¿qué es desarrollo y para quién? ¿Quiénes protagonizan este tipo de comunicación? ¿Es una comunicación eficaz solo para el Tercer Sector?

Desde aquí queremos apostar por aglutinar estos conceptos que hemos repasado de manera muy somera en un concepto que consideramos viene a sumar y a completar todas estas visiones: la educomunicación para el cambio social. Destacamos el “encaje” definitorio que realizó el investigador Alejandro Barranquero en 2007 y que se publicó en la Revista Comunicar para sumarlo ahora a una apuesta por el factor Relacional que, como bien apunta en un anterior post Antonia Nogales, es entendido como la capacidad de poner en valor sinergias de acción, creación y discusión. Por tanto, hagamos Educomunicación (sí, educación y comunicación, no solo capacitación) para el Cambio Social como factor Relacional: educación, comunicación, transformacional social desde la acción y la educación mediática, creación y discusión… en definitiva, desde lo R-elacional.

 

bibianav

Sobre el autor: bibianav

Furibunda lectora, estudiante para toda la vida, rebelde con causa donde la haya. Inundada de sentido creativo, y todas las demás cosas de la vida normal y corriente: Licenciada en Ciencia Política UniAndes, Estratega de Contenido NorthWestern University, CM, Social Media Strategist, empresaria educativa.

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