La educomunicación como herramienta para traquetear

Si bien la educación ambiental hace mella en el pensamiento crítico, cuánto puede aportar el #Factor Relacional al desarrollo de un discurso ambiental con que le permitan abordar la realidad de la comunicación y educación líquida a la que se expone día a día.  Daniel Rodrigo debuta hoy en la trubuna del laboratorio TRIC, bienvenido…

Daniel Rodrigo para TRICLab

El periodismo sufre una grave crisis económica y de credibilidad que cuesta valorar cuál es más serio. Graves problemas socioambientales se ciernen sobre la especie humana, entre ellos el cambio climático,  un cambio de época que provoca grandes migraciones, revoluciones ciudadanas, una crisis energética acrecentada desde el accidente de Fukushima, la extinción masiva de especies animales… En este contexto de sociedad global interconexionada e interdependiente que asegura incertidumbres y traza más desigualdades entre ricos y pobres.

En toda esta incertidumbre quedan espacios para la libertad, la sensatez y la esperanza.  Pasa por un empoderamiento y toma de conciencia de dimensiones globales, sociales y políticas, para, como indican Vicent Gonzálvez y Paloma Contreras,”… reforzar la libertad, la autonomía crítica y la participación de los ciudadanos en cuestiones políticas, sociales, económicas, ecológicas e interculturales partiendo de un buen uso de los medios y la tecnología comunicativa”

En éstas consideraciones, la Educación Ambiental pretende, entre otros objetivos, promover la acción pro-ambiental entre individuos y grupos sociales; una acción informada y decidida a favor del entorno y hacia una sociedad sostenible, realizada en el contexto vital de los ciudadanos: hogar, trabajo, escuela, ocio y comunidad. Es decir, que la educación ambiental se convierte en incómoda, al promover hacia los medios de comunicación social la responsabilidad de educomunicar.

La Educomunicación Ambiental

La Web 2.0, a través de las redes sociales como Twitter, Facebook o Youtube, permiten acelerar este proceso para la educomunicación dado que se puede acceder de forma sencilla, en cualquier lugar y en cualquier momento desde la tecnología móvil encabezada por los smartphones. Las redes sociales se han convertido en espacios para el debate,- cierto que demasiadas veces con mucho ruido,- en punto de encuentro para desarrollar pensamiento crítico, un encuentro capaz de promover un futuro más equitativo y saludable para todas y todos.

Con una ciudadanía confusa, la educomunicación ambiental debe dar un paso más allá de la información, que en muchas ocasiones es insuficiente.  Es necesaria la sensibilización, la formación, la capacitación y la educación para lograr que cada destinatario sirva para el objetivo trazado. Es responsabilidad tanto de los educadoras ambientales como de los informadores ambientales ser capaces de instruír a las personas para que analicen de forma crítica toda esa información que reciben.

Hay que innovar en comunicación.  Crear nuevos enfoques y aprender de otras disciplinas como la psicología o el marketing. Las instancias de educación ambiental salimos cada día a la calle y nos enfrentamos a una realidad que cambia constantemente, a una sociedad que tiene múltiples maneras de ver, modular  y afrontar esas realidades líquidas y volubles. Ante esta situación es necesario un mayor esfuerzo en investigación y evaluación para mejorar la comunicación que alfabetiza, instruye y enseña en últimas el rol del ciudadano, de la familia, del grupo escuela, de las asociaciones, de agregaciones con más y mayor jerarquía en el ciclo ambiental y nuestras dinámicas relaciones con el medio ambiente.  Somos los educomunicadores ambientales quienes también tenemos que adaptarnos a un continuo cambio, a ésta esfera de comunicación líquida con la que tenemos que convivir si queremos conectar con todos los eslabones de la cadena de usos y consumos por la que irrevocablemente trasiega el paradigma de la sostenibilidad.

Hemos de conocer mejor la realidad ambiental local, regional y global y sus interconexiones, qué conocimientos, actitudes y comportamientos muestra la ciudadanía ante el medio ambiente y qué factores influyen en ellos, todo ello con el fin de mejorar nuestras intervenciones.

A la Educacomunicación ambiental le queda traquetear, como dice la RAE: “Moverse o agitarse [una cosa] repetidamente produciendo ruido”, seguir mostrando tozudez y lograr que muchas personas quieran seguir un camino que, a pesar de ser pedregoso, es muy necesario. Algunos ejemplos de cómo traquetear lo muestran en las redes sociales a través del Hashtag #EA26 que cada día 26 debate en Twitter diferentes enfoques, retos y limitaciones de la educación ambiental aunque cada vez se acercan más comunicadores, aunque esa diferenciación es cada vez más compleja dada la relación sináptica que existe entre uno y otro espacio.

Son necesarios lugares de encuentro físicos o virtuales, necesitamos manos y cabezas que procuren que la educación y la comunicación ambiental y los principios que la mueven no acaben almacenadas en viejas páginas de libros y recuerdos del pasado o simplemente utilizada como herramienta de marketing verde. La educación ambiental es crítica y constructiva, la educación ambiental es participativa y democrática, la educación ambiental es actual.

A lo largo de este primer documento se pretende la definición de un proceso de educomunicación para el empoderamiento socioambiental, para ello es necesario aprender a ver y leer los medios para seguir la realidad social desde los propios medios de comunicación, como indica Ignacio Aguaded, en este proceso la imágen se ha convertido en un elemento clave para la transmisión de ideas y el marketing, por lo que es necesario educar la mirada para evitar fenómenos como el Greenwashing o apropiarse de documentales como Contramarea de María Iglesias y Carlos Escaño.

 

TRICLab

Sobre el autor: TRICLab

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