La despedida políticamente incorrecta del 2017, sin sentimentalismos: pensamiento crítico TRIC

Culto a la víctima

José Antonio Gabelas

“Un sentimental es alguien que simplemente desea disfrutar del lujo de una emoción sin tener que pagar por ello”. Oscar Wilde

Termina 2017 y nos acercamos a las puertas de 2018. Tiempo para la autocrítica y los buenos propósitos. Por eso no seremos políticamente correctos. Desde @TRICLab, tanto en sus inicios, como en su manifiesto y en sus acciones, priorizamos el pensamiento crítico. No cabe ninguna duda que desmontar prejuicios e identificar posturas que se esconden o se escudan en tópicos y clichés es un ejercicio muy saludable.

 

El titular de este artículo se inspira en una de mis últimas lecturas. “Sentimentalismo tóxico. Cómo el culto a la emoción pública está corroyendo nuestra sociedad”, de Anthony Daniels, un psiquiatra y escritor británico que firma como Thedore Dalrymple.

Es muy fácil creer que sufre más quien así lo expresa y quien lo manifiesta con más insistencia y vehemencia. Indica Daniels: “subestimamos el sufrimiento y al mismo tiempo nos vemos obligados a ejercitar la autocompasión a todo el mundo”.

No cabe duda que “estar junto” a los pobres, marginados y enfermos ennoblece nuestra moral, “la autoridad no procede solo del sufrimiento (que también), es la respuesta a ese sufrimiento”.

 

Recordamos ese 28 de enero de comienzos de año, cuando un vecino de la localidad de Barbate (Cádiz) advirtió a los servicios de emergencia porque había encontrado el cadáver de un niño subsahariano en la playa de El Roqueo de los Caños de Meca. Era el cuerpo sin vida de un menor de seis años. Samuel procedía del Congo y viajaba en patera junto a su madre. Samuel es el niño Aylán español, su imagen permanece todavía en nuestras retinas.

Podemos recoger otras imágenes que representen otras realidades del sufrimiento humano (enfermedades, guerras, acosos…). La retórica del dolor de la víctima es un potente argumento, muchas veces populista. Como lo hemos visto con Trump y el Brexit con los inmigrantes, o los nacionalismos de diferente color y bandera con todos los que son diferentes.

Otros recientes casos como el de Juana Rivas en España, movió más de 20 manifestaciones en España, articuló un mensaje en las redes con #YosoyJuana y un debate con dos mensajes:

  1. Juana es víctima de la violencia, huye con sus hijas para protegerla, su exmarido fue condenado por lesiones domésticas.
  2. Juana se hace la víctima, incumple la ley por sustracción internacional de menor, sus vecinos de Italia cuentan que había una relación idílica.

Se creó una opinión pública al ritmo de las continuas ruedas de prensa de Juana interrumpidas constantemente por los lloros y sollozos de la protagonista y las manifestaciones exaltadas de sus allegados.

 

Se han cumplido diez años del caso de la desaparición de Madeleine, sin que sepamos que ocurrió aquella fatídica noche del 3 de mayo de 2007. Lo que sí sabemos es que la página web que abrieron los McCann recibió más de ochenta millones de visitas en los tres primeros meses tras la desaparición. Se podían comprar diferentes artículos como las pulseras “Busque a Madeleine para que le siga recordando”, con póster incluido y camisetas con su foto donde decía “No te olvides de mí”.

Recoge el autor de sentimentalismo tóxico que Oliver Harvey, principal cronista del The Sun, no titubeó para acusar tácitamente a los McCann de matar a su propia hija. La prueba era que no se habían mostrado suficientemente emocionados en los días que siguieron a la desaparición.

Recojo este ejemplo porque además de la evidente mercantilización que produjo el caso, como no se sabe si los McCann dicen la verdad o mienten, dice el cronista, que es muy extraño que no manifiesten el dolor de haber perdido una hija. Dicho de otro modo, como no sollozaron ante las cámaras, tal y como estaba esperando el público, se deduce que mataron accidentalmente a su hija. Dicho de otro modo, se confunde el autocontrol con la culpabilidad, fatal deducción.

A las víctimas no se les puede conceder el poder absoluto, ni la verdad absoluta. Entiendo que es muy difícil criticar los relatos de violencia sufrida porque necesitan escucha, comprensión y empatía. Pero afirmar que la víctima no es culpable por ser víctima, y que no ha podido hacer ningún daño es un goloso argumento, no solo para sus abogados, también para la catarsis del público.

Que la víctima no es culpable y que no es responsable (psicológica, moral o legalmente) de sus acciones son dos razones muy tentadoras, que conducen a una perversa conclusión. La gente se convierte en víctima de su mal comportamiento. Porque están a la deriva de sus circunstancias que los desbordan, todos los que sufren son víctimas.

Y con este argumentario caemos en la suposición (trampa) que los que no son víctimas, no sufren. Y como no sufren, las ayudas, el reconocimiento, la atención no se debe prestar según la necesidad y el merecimiento.

TRICLab

Sobre el autor: TRICLab

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