Blade Runner 2049. La fantasía del unicornio y el brillo del holograma (1ª parte)

Joi “todo lo que quieres escuchar”. Fotograma de Bladerunner 2049 (Denis Villeneuve 2017) en https://goo.gl/hZTS6E

Apreciaciones fílmicas desde una mirada feminista

Carmen Cantillo Valero para TRICLab

A los treinta y cinco años del mítico film de ciencia-ficción, Blade Runner (1982), la industria cinematográfica nos ofrece un nuevo relato a través de “humanos” creados mediante bioingeniería y diseñados por Tyrell Corporation para ser utilizados como mano de obra esclava. La historia se desarrolla en el año 2049. Un industrial, Niander Wallace, ha adquirido Tyrell Corp y ha creado una línea de replicantes más obedientes y controlables. En esta ocasión no se trata de la presencia neo-noir, ni de mecánicas cyberpunk, ya no se plantean preguntas evocadoras sobre las relaciones humano-androide, sino que se ofrecen respuestas envueltas en una narración que imagina todo lo que no quedó resuelto antes de esta secuela. Se describe un duro mundo post-holocausto donde humanos y replicantes viven separados. Sólo se describe un futuro ¿o no?

Así da comienzo esta típica película de ciencia-ficción, configurada en un género que “hunde sus raíces en la triada fundamental: razón, ciencia y tecnología”, como afirma Susan Sontag; amparada en los paradigmas de la modernidad, construye ese metarrelato emancipador que, según Begoña Siles, muestra las claves se sitúan en la razón y el progreso tecno-científico. Aunque, resulte complicado encontrar esa “razón” que caracteriza a este género, ya que contemplamos un relato excesivamente convencional que “actualiza” tecnológicamente la imagen arquetípica de la mujer-cyborg en el ámbito cinematográfico, pero con fuertes ramalazos de la sociedad patriarcal, ante el que no se pueden evitar los paralelismos con las películas infantiles de Disney. Se reflejan los clásicos estereotipos de sus princesas: él es importante y necesario para la sociedad, ella lo aguanta todo y con un amor incondicional; él es el héroe, ella es un premio a la heroicidad que simboliza el triunfo masculino, porque el trabajo importante es el masculino; él es un macho alfa admirado por muchas mujeres, y ella sólo piensa en su príncipe.

Imagen 1 Blade Runner

Fotograma Blade Runner 2049 (Denis Villeneuve, 2017). Fuente: https://goo.gl/ak4xBB

Imagen 2. Blade Runner

Fotograma de Tiana y el sapo (Musker & Clements, 2009). Fuente: https://goo.gl/o5Vwqv

Imagen 3. Blade Runner

Fotograma de La Bella y la Bestia (Trousdale & Wise, 1991). Fuente: https://goo.gl/yWfUTQ

Blade Runner 2049 o “Las máscaras de Dios”

Cuando emprendemos la labor de analizar críticamente el género cinematográfico de la ciencia ficción, no podemos perder de vista que su narrativa no está fabricando mundos futuros, sino que nos muestra un presente distorsionado… por una mirada androcéntrica, y “…no es sólo el futuro lo que se somete a juicio, sino también el presente. Al fin y al cabo, ayer, hoy era mañana” como comenta Tanith Lee. En este sentido, nos centramos en la dominación masculina y percibimos la condición femenina a través de unos modelos de cyborgs (mitad orgánicos, mitad algorítmicos) explotados por sus amos.

Donna Haraway, en Ciencia, cyborgs y mujeres (1991), nos ponía sobre aviso de que simios, mujeres y organismos cibernéticos eran seres limítrofes a la “auténtica identidad humana”. Aquí, la ciencia ficción va un poco más lejos y como género propicio para la especulación reflexiva, elimina al sujeto femenino de cualquier categorización, condenándolo a ser simples objetos creados por y para satisfacer al masculino, bien sea en su forma humana o como simple “replicante”.

Todo esto no es nuevo, pues ya desde la Ilustración no se contemplaba a la mujer en las consignas universales de libertad, igualdad y fraternidad. Incluso, en los arquetipos clásicos encontramos contradicciones con dos claros polos contrapuestos:

Por un lado, tenemos el mito del Pigmalión y ese deseo de fabricar a la mujer perfecta, donde tropezamos con el tema de la reproducción separado de la biología femenino-masculina. Una reproducción diseñada al revés de la realidad biológica, donde el varón es fundamento de la hembra (en los textos bíblicos: Adán es el origen de Eva; o en la mitología griega: Palas Atenea, hija partenogenética de Zeus). “Como Yahvéh no puede engendrar al igual que las fértiles diosas del Neolítico, decide crear desde la nada” para Sendón, Sánchez, Guntin y Aparici, 1994. Esta usurpación de la maternidad se refleja en el villano de Wallace, quien obsesionado con crear el replicante perfecto, no duda en destruir aquellas replicantes que no cumplan con un modelo de perfección que sea capaz de “engendrar”.

La idea consiste en soñar los mitos matriarcales y “retomar la maternidad en su sentido radical de dignidad y poder”; es decir, en su sentido no patriarcal. Es un futuro distópico, donde no tiene cabida ni siquiera la típica compañera del héroe, al estar compuesta por unos y ceros. Como dijera Thea von Harbou (1927) en Metrópolis “Todo creador se fabrica una mujer […] Y obediente, totalmente obediente”.

Fotogramas de Blade Runner 2049 (Denis Villeneuve, 2017). Fuente: https://goo.gl/66Dvek

La mayoría de los relatos de ciencia-ficción presentan la reproducción como un importante fenómeno de orden político que conforma y condiciona la relación entre mujeres y hombres, afectando a la estructura global de la sociedad. Mientras que en unos casos se han reflejado las posibles implicaciones de la ingeniería genética, como los bebés-probeta, con la intención de adueñarse del proceso reproductivo femenino y alcanzar el poder sobre el futuro y la sociedad. Encontramos (y no sólo en mundos virtuales) la necesidad por legislar sobre la gestación subrogada, y en otras disciplinas (Antropología o Historia), incluso se ha discutido sobre la existencia real de sociedades matriarcales.

Por otro lado, se muestra a un modelo de cyborg-femenino potencialmente peligroso y ante el que no hay que escatimar la más mínima muestra de violencia para destruirlo. Para evocar este arquetipo está la replicante Luv, quien aparece con una carga genética destructiva, que podríamos haber asociado desde el Neolítico a la supremacía del género femenino, pero que el patriarcado no puede consentir y que la narración exige eliminarla.

Ante todo esto, nos preguntamos si esta fuerte carga diegética de escenas de violencia física hacia la mujer ¿son necesarias para transmitir el goce masculino por acabar con el matriarcado? y, si no ¿qué sentido tiene ese uso desmesurado de primeros planos de un estrangulamiento, perpetrado muy despacio, para que se perciba el disfrute que se siente al exterminarla?

¿Qué otros destinos reservaba La fantasía del unicornio a las mujeres?

… continuará en la 2ª parte.

TRICLab

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