Emociones baratas en la era del espectáculo

Mirada

Imagen de Msporch. Fuente: Pixabay.

José Antonio Gabelas

                                                                                      «El escándalo, en nuestros días, no consiste en atentar contra los valores morales, sino contra el principio de realidad»

Jean Baudrillard

El escenario mediático está poseído por el fragor del suceso, con toda su carga emocional. El caso de Diana Quer ocupa titulares y portadas y enciende informativos y tertulias. En “La civilización del espectáculo”,  Vargas Llosa desarrolla un estimulante ejercicio para describir la cultura que hoy nos ocupa, la cultura del espectáculo, que me recuerda un oportuno ensayo de Postman titulado “Divertirse hasta morir”.

Libro de Neil Postman

Portada del libro “Divertirse hasta morir” (Postman, 1985)

“La diferencia esencial entre aquella cultura del pasado y el entretenimiento de hoy es que los productos de aquélla pretendían trascender el tiempo presente, durar, seguir vivos en las generaciones futuras, en tanto que los productos de éste son fabricados para ser consumidos al instante y desaparecer, como los bizcochos o el popcorn”, afirma Vargas Llosa.

“Como dijo el propio Huxley, los nuevos luchadores civiles y los racionalistas, que están siempre alerta para oponerse a la tiranía, se equivocaron al no tomar en consideración el apetito casi infinito del hombre por la diversión” (N. Postman)

El relato de Diana Quer según los datos recogidos de la empresa Graphext en El País, produce en sus dos semanas, más de 33.000 mensajes en Twitter, que han sido difundidos por 140.000 personas. Las noticias enlazadas a estos mensajes han sido compartidas 400.000 veces en Facebook, Twitter y otras redes sociales. Las palabras más repetidas asesino, guardia civil, cadáver, cuerpo, desaparición.

Parece que los estímulos negativos atraen particularmente las emociones. La empatía por las víctimas y el deseo de justicia son algunas razones que evidencian ese “tono negativo” humano. Se ha comprobado que las personas reaccionan de modo más rápido ante estímulos negativos, incluso el parpadeo se hace más intenso como síntoma de atención.

Como señalo en el despotismo emocional, el siglo XVIII, XIX y XX fueron los de la razón, el siglo XXI es el de la neurociencia , en el que las emociones tienen un papel muy relevante. Muchas generaciones han sido instruidas y educadas en los fundamentos racionales, la enciclopedia fue el referente y Gutenberg el canon. No cabe duda, la era de la imprenta creció y maduró con la palabra que “toca” y desarrolla de modo particular el hemisferio racional y abstracto.

Hoy, los relatos se han fragmentado en millones de pedazos que pueden volar por las redes. La atención es más difícil de atrapar que nunca, bombardeada a diario por kilómetros de estímulos que apelan a ese “cerebro emocional y límbico”. Y los grandes relatos (política, religión y familia) están reducidos a una mirada, pensamiento y moral relativos. Tiempos para la posmodernidad (Lyotard, 1979).

Imagen 3 Imagen de moritz320. Fuente: Pixabay.

En nuestra retina permanecen deportistas que lacrimean. Los políticos también lloran, como ha sucedido con Trudeau, Obama o Berlusconi. Muchos artistas y actores expresan  sus emociones y lo enfatizan en público. Y de modo muy reciente, hasta las lágrimas de Ignacio González en su último juicio son un sarcasmo del espectáculo. Añadamos los géneros y subgéneros en torno a la telerrealidad.

¿Cómo funciona esta herramienta de demostración emocional permanente? ¿Es ésta una máquina de fabricar sensiblería que banaliza el sentimiento y adormece el pensamiento?

La emoción, puesta en escena y aderezada con una gratificación inmediata, es la presentación del todo, pero con la perspectiva de una mirilla graduada de antemano. Las narrativas necesitan rostros, casos, situaciones, acciones, escenarios, ritmos, intriga, incertidumbre, desafíos y conflictos para que sus lectores, espectadores, interactuantes sonrían y lloren; sientan y se emocionen. Esto sucede cuando hay imágenes visuales o sonoras que provocan las emociones.

  • ¿Están justificadas en el relato?
  • ¿Simplifican o banalizan la información?
  • ¿Son imágenes que precisan y exigen su expresión emocional?
  • ¿Podemos y debemos centrar la información, la educación de la política o la cultura en imágenes que emocionan

La filosofía que ha construido #TRICLab desde el inicio pivota en el pensamiento crítico, que desbroza lo que oculta la verdad e identifica lo que persiste como mentira. Reivindica un humanismo que recupera su emoción, no en la oquedad del vacío, que es lo que ofrece el espectáculo como medio y como fin, sino en la dimensión integral de la persona, ser social, por tanto emoción social.
Son necesarios periodistas que sean auténticos profesionales en la documentación, verificación y contrastación de las fuentes, que siempre avalen la pluralidad, porque eso es la garantía del rigor informativo.

En el impacto emocional en los medios tradicionales y los nuevos medios sociales, Salcudean & Muresa indican en la Revista Comunicar que “cualquier acontecimiento con fuerte impacto emocional producirá repercusiones en las redes sociales, donde no hay censura y la gente se siente autorizada a expresarse libremente. los acontecimientos trágicos de Europa en los últimos años, tales como ataques terroristas, fueron compartidos masivamente y de forma instantánea a través de los medios sociales, e inmediatamente originaron reacciones muy diversas en temas e intensidad”.

Dicho de otro modo, así como los hilos de conversación en las redes, los debates online y los foros son con frecuencia “motivados, canalizados, moderados y conducidos” por los líderes de opinión, no solo es preciso una ciudadanía alfabetizada, también una ética periodística que abarque lo que ya hemos denominado como cuarto entorno: lo presencial y lo virtual.

En otras palabras, los debates online –textos escritos por líderes de opinión– a menudo actúan como argumentos de autoridad, suficientemente buenos para respaldar reacciones y actitudes.

«Las grandes historias de impacto son literalmente excitantes. a menudo tratan sobre la muerte o la amenaza de muerte, y causan ansiedad. el estudio neurológico muestra que a medida que la ansiedad toma control de la capacidad mental de una persona, esta piensa con menos claridad» Gilmore

Estas son algunas preguntas que me provocan la lectura de “Sentimentalismo tóxico“, la publicación de Theodore Dalrymple, que es el pseudónimo que utiliza el psiquiatra y el escritor británico Antonhy Daniels. Un escritor libre de sospecha porque no construye su relato desde una burbuja académica, ni desde un despacho burócrata, sino desde la calle, los hospitales, las cárceles. Conoce la textura humana porque ha experimentado su dolor y sus conflictos, y desde sus contradicciones expone su análisis.

El uso de una imagen para emocionar puede facilitar el compromiso ético frente a la barbarie, pero acompaña los datos y la información con imágenes que buscan emocionar, no debes crear una opinión solo desde lo obvio y el estereotipo . La naturaleza humana es contradictoria y sus conflictos complejos, en un entorno de densa incertidumbre.

¿Qué sentido tiene repetir otra ley del péndulo histórico? ¿No hemos pasado de la tiranía racional de los siglos pasados al despotismo emocional de esta última década?

jgabelas

Sobre el autor: jgabelas