Bebés “Alpha”: Los tecnodependientes del siglo XXI

Sandra Daviu Ripoll para TRICLab. Programa de Doctorado en Periodismo en la UCM

Al filo de comenzar la tercera década del siglo XXI, nuestros hijos plantean un desafío de difícil digestión para nosotros, sus progenitores. Desde el primer día que vienen al mundo, su huella visual queda debidamente captada, registrada y difundida mediante herramientas, soportes y plataformas digitales. No estamos hablando de los “Millennials” ni de la generación «Z», aquella que nació con el “boom” de los ordenadores y el acceso a Internet. Nos referimos a los nacidos desde 2010 —y que, probablemente, se extenderá hasta el año 2025—, herederos de los llamados “nativos digitales” o “generación tecnológica”. Hablamos de la “Generación ALPHA”.

Existen evidencias de que los llamados baby Alpha utilizan Internet desde muy temprana edad, en concreto en el segmento de edad comprendido entre cero y ocho años (Bedford et al., 2016, Lauricella, Wartella & Rideout, 2015; Thestrup, 2015)[i]. Nosotros, padres y madres de estos niños, comprobamos día a día este hecho cuando nuestros hijos reclaman continuamente los dispositivos móviles para saciar su hambre tecnológica. Lo hacen convulsivamente. No es que los utilicen como un juguete más. No. Buscan los contenidos que los adultos les hemos acostumbrado a consumir, ya que cuando están enganchados a la tele niñera, nosotros podemos descansar, o por lo menos, intentarlo.

Generación C: consumidora de contenido

En 2011, según reveló un estudio publicado en “El libro blanco: la educación en el entorno audiovisual”, los niños españoles de corta edad pasaban 990 horas anuales delante de la televisión, frente a las 960 horas que estaban en el colegio (González, 2011)[ii]. En la actualidad, no vale ya solo con sentarles delante del televisor para conseguir distraerles. Los dictados de una programación convencional ya no convencen a estos menores. El consumo es selectivo, y los responsables de los canales temáticos como Clan (RTVE), han comprendido que tienen ante sí el reto de fidelizar a sus pequeños usuarios combinando la emisión lineal con la oferta de descarga directa mediante otras pantallas. Los contenidos distribuidos online por este canal, mediante aplicaciones específicas para dispositivos ios/android, están consiguiendo que la audiometría les sea cada día más favorable, aunque, por diferentes motivos, la métrica de consumos online todavía no ofrece datos reales. Resultado: estos activistas, tecnológicamente dependientes, ya están creciendo en línea de la generación «C» de “contenidos˝, eligiendo el momento y el dispositivo adecuado y ya nunca más podrán vivir sin ellos y estarán conectados a la red.

La realidad que viven muchas familias y educadores es que con cada evolución tecnológica, más confusa es la reacción ante la necesidad de los menores.

No obstante, los niños no dejan de ser eso, niños. Jugar a la pelota o con muñecas no dejan de hacerlo cuando tienen oportunidad o ganas. Los padres, contentos, porque por un momento han cambiado el inmovilismo contemplativo y sedentario catódico por una distracción activa, colaborativa y socializadora. Aunque también es cierto que en muchas ocasiones ese consumo es “culpa” nuestra porque accedemos a sus peticiones y les ponemos el móvil con su serie de animación preferida para que estén tranquilos.

Luego llega el momento en el que consultamos a diversos especialistas: pediatras, psicólogos, educadores, y les confesamos lo culpables que nos sentimos. Te miran y, tras algunos consejos e instrucciones sobre la higiene del sueño, etc., reconocen lo difícil que es alejar a los pequeños de esta invasión de estímulos audiovisuales.

Soy madre de un niño precioso, maravilloso, de dos años de edad. Intento educarle de la mejor manera posible: damos grandes paseos por la calle, vamos al parque, leo cuentos por la noche…Mi marido y yo jugamos con él continuamente e interactuamos haciendo el payaso, literalmente, para disfrutar conjuntamente de un ambiente familiar feliz. Es hijo único. En unas semanas irá a la guardería. Habla poco: papá, mamá, bibi… Eso sí, lo entiende todo y se hace entender. Te coge de la mano. Te mira, señala con el dedo el smartphone y emite un sonido repetitivo: oink, oink, oink,… Está claro, quiere ver Peppa Pig.

[i]— Bedford, R., et al. (2016). Toddlers fine motor milestone achievement is associated with early touchscreen scrolling. Frontiers in Psychology, vol. 7 1-8.

https://doi.org/10.3389/fpsyg.2016.01108

— Lauricella, A., Wartella, E., & Rideout, V. (2015). Young children’s screen time: The complex role of parent and child factors. Journal of Applied Developmental Psychology, Vol. 36 pp. 11-17

—Thestrup, K. (2015). A framework for the Future: When Kindergartens Go Online. En S. Kotilainen & R. Rupiainen (eds) Reflections on Media Education Futures. International Clearinghouse of Children, Youth and Media, pp. 247-255.

[ii] González, B. (30 abril 2011). Tele Niñera. Mujerhoy.com. http://huertasmayores.educacion.navarra.es/blog/2011/05/03/tele-ninera/

 

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